De acuerdo a su creador Ken O´Donnell, podemos definirla como “la capacidad del individuo para crear y conservar un estado de tranquilidad y disposición inmediata para la acción positiva”.
Vivimos una etapa de caos existencial y económico, de grandes tormentas y turbulencias en el macroambiente empresarial, de globalización y estresante competitividad.
En la actualidad el 80% de los problemas empresariales son las personas, por falta de motivación, los conflictos internos y externos de los individuos y la organización que restan calidad humana y calidad de interrelación anulando sus capacidades de crecimiento y desarrollo.
Al inicio del nuevo milenio y el siglo XXI el tema de la dimensión emocional y espiritual del ser humano en el ámbito de la empresa cobra cada vez mayor vigencia, no sólo se le considera una tendencia sino una imperiosa necesidad.
El deseo de construir un mundo nuevo y mejor es hoy por hoy una “Aspiración Mundial” que sólo podrá hacerse realidad a través de la reafirmación del lado espiritual de la naturaleza humana, que en realidad sería el centro, el eje, el motor, la esencia y sustancia del que hacer humano.